Al borde del acantilado:
-Por favor, madame…
Y, siempre tan cortés, me cedió el paso.

“Eran bandadas y surcaban el país sin norte ni apuro pero con una sola lealtad, las vías. Allí donde había trenes, había crotos. Trepaban a los vagones de carga y partían detrás de cosechas y changas golondrinas hasta los empalmes en los confines del país. Viajaban con el bagayo a la espalda y tres o cuatro porquerías: la muda, una bolsa maicera para dormir al descampado, la latita para cocinar y el fierrito bandolión para escarbar el fuego y defenderse. Se contaban historias fabulosas del crotaje: que entre ellos había filósofos, personajes de la alta sociedad, desahuciados del amor y hasta políticos brillantes que habían enloquecido y encontrado la honestidad. Pero eran leyendas”
Virgen, Gabriel Báñez.



