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Último gesto



Al borde del acantilado:
-Por favor, madame…

Y, siempre tan cortés, me cedió el paso.

Golondrinas en el tren





“Eran bandadas y surcaban el país sin norte ni apuro pero con una sola lealtad, las vías. Allí donde había trenes, había crotos. Trepaban a los vagones de carga y partían detrás de cosechas y changas golondrinas hasta los empalmes en los confines del país. Viajaban con el bagayo a la espalda y tres o cuatro porquerías: la muda, una bolsa maicera para dormir al descampado, la latita para cocinar y el fierrito bandolión para escarbar el fuego y defenderse. Se contaban historias fabulosas del crotaje: que entre ellos había filósofos, personajes de la alta sociedad, desahuciados del amor y hasta políticos brillantes que habían enloquecido y encontrado la honestidad. Pero eran leyendas”
Virgen, Gabriel Báñez.



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-¿No te vas a acercar, eh?

Las recomendaciones de chocolatada que, tarde a tarde, recibía al salir de mi casa.
Debía quedarme lejos de las vías, lejos de los cargueros, lejos del linyera.

Pero no podía obedecer. Todo estaba allí y era tan inevitable como cortar flores para la maestra.

Telón de fondo en la vida de un niño.
Los trenes de carga.
Por la madrugada uno con vacas enjauladas y olor a muerte futura.
Por la tarde, carbón.
Y los sábados piedras con mica o perfectos cantos rodados.
La vida al borde del tren. Ser un durmiente más soportando, como si lluvia fuera, las vibraciones de su paso.

¡Cómo no acercarse a lo que forma parte del sueño!

-¡Dale, vamos a subir! Vagones gris plomo. Candados.
Animarse a trepar por esa escalera…
¿Y si el tren arranca?
¿Y si se despierta el linyera?
¿Y si viene el guarda?
¿Y si pudiésemos vender las piedras y hacernos ricos?

¡Cómo no acercarse a lo que forma parte del sueño!

Ese croto. El mismísimo viejo de la bolsa que golpeaba por las noches cuando yo no me dormía. Un borracho.
Lo veíamos venir atravesando las vías. Cruzábamos los dedos para que no pasara el tren en ese preciso instante. De lejos era una silueta completa de hombre alto, flaco, con pelo gris. Dos o tres sacos. No más. Al acercarse, su imagen se iba fraccionando. Ya no tenía cabeza ni hombros; frente a mis ojos las manos… color tabaco, los dedos gruesos como raíces de ombú, ríos secos, los nudillos. Uñas de cadáver lento. Una vieja bolsa de jean encontrada seguramente en algún basural. La botella de vino sin tapita.
Mudos en el cordón de la calle contemplábamos como, tras comprar una botella nueva se apoyaba en la pared y tomaba del pico. Uno, dos, cuatro tragos. Cerrar la botella y emprender el regreso a la cueva. Ahora era su espalda la que buscaba equilibrio. Cruzar los dedos, nuevamente.

Caricatura del pasado, él, con su propio mito de matemático y violinista atormentado que un día cualquiera decidió partir. Pero los trenes se fueron muriendo y las vías, hoy, terminan en un Shopping. Final del viaje. Resta el último trago y cubrirse con papeles de diario.

Desobediencia infantil, la mía, enseñándome a reconocer los huecos que el alma rota deja entre las cañas, entre los trapos olvidados. Siempre entre las botellas vacías.
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Trabajadores golondrinas de principio de siglo. Una ley que amparaba su viaje a bordo de los ferrocarriles. José C. Crotto. El gobernador. Miles de crottos. Miles de trabajadores en potencia. Sin trenes hacia el futuro, en el 2010, son el coqueto nombre de los NBI (necesidades básicas insatisfechas)





Salgo. No tengo miedo.


Salgo. Son los once de la noche y la calle se durmió.


Todo está tan peligroso que dejo mi celular sobre la mesita blanca. Necesito pensar.


No te rías ¿eh?


Hace años que no hago más el balance clásico de excel pero me vi los ojos y no son los mismos.


Creí que los alfileres del invierno habían cicatrizado pero no. Mi cuaderno de notas se ahogó con las tormentas de agosto. Glu-glu-glu... es la última frase.




(Te lo dejo también, en la misma mesita)




¿Te acordás de la persiana de calle 9? Ilusión de brillo y luz del otro lado. Girar. Buscar. Intentar.


Vuelta de campana una vez más.




¿Te acordás de las otras persianas?


Esas que mostraban cientos de mundos extraños. Lejanos. Muy lejanos. Carteles de clausurado salvo los lugares que se animaron a suspender reglas de espacio-tiempo.






Sé lo que pensás...




“estabas mucho peor: te dolía la muela y te habían cortado por la mitad”


(vos, robando frases ajenas, como siempre)




Esta noche no quiero que me lo digas. No voy a dejar que me lo digas, por eso salgo.




Y no sé si vuelvo mañana.




Y no sé si vuelvo. Total, hice y deshice tantas veces las bolsas con ropa y con libros.






Eso sí. Te dejo todo lo que no conseguí para que lo intentes vos.






Salgo.




Un beso.




YO


Objects in "mind" are closer than they appear





Junio siempre traerá recuerdos.

Desde la lejanía que marcan miles de soles, desde ese fondo oscuro que integran cada uno de los rincones que solía ocupar, desde cada sueño promisorio (¿Los hubo?), desde cada pesadilla cíclica, recurrente, inolvidable.

Junio siempre traerá recuerdos. Y siempre no es “quizás” ni “tal vez” ni “acaso”. Siempre es aquello que persigue como sombra. Siempre es un “mientras respire”, “mientras pueda abrir los ojos”mientras crea que creo.


Junio es un teléfono que no suena y la esperanza de cables en perfecto estado de ruina. Junio es un cuerpo tibio que gira en torno a una bella idea irrealizable.

Junio es el tránsito por una ciudad desierta, áspera y ajena que congela un rostro ansioso de ver otros ojos, de verse reflejado en otros ojos. Junio es el viento que se lleva en pequeños remolinos algún suspiro, algún beso, una tormenta de lágrimas y alguna llovizna sobre el rostro. Junio es olor a encerado, a ropa nueva y torta de chocolate. Es todo lo que no pude ser.

Es todo.

Algún Junio me atrapará para llevarme hacia lo que presumo y quizás sea yo quien clave puñales, quien aparezca desde las sombras y cobre víctimas, quien monte la enorme estructura de escaleras, que hoy me veo obligada a trepar.

Así las cosas, si mi víctima es tan lerda como soy yo, corriendo por mis sueños, tal vez logre alcanzarla , destruirla y siga siendo Junio.

Desplazamientos







Un ir y venir con la levedad de una pluma.

Un ir y venir con la pesadez de los ojos con sueño.
IRSE. ¿Escaparse de qué?
VENIR. ¿Buscando qué?

Gotas de libertad en simples madrugadas. El silencio de las calles. Cielos amplios en los cuales empiezan a reflejarse las primeras líneas del sol.

Trato de hacer memoria. Qué situación intento reproducir? Muchas. O tal vez ninguna en especial. Sólo sé que todas mis enfermedades huyen cuando siento mis propios pasos en la noche.

El que huye piensa o siente que existe otra posibilidad. Otra chance. ¿Un dejo de esperanza quizá?

Por este motivo se huye. He huido con custodios de privilegios o absolutamente sola.

Finalmente tendré que huir de mi misma.