
®Julieta Villarroel.



“Eran bandadas y surcaban el país sin norte ni apuro pero con una sola lealtad, las vías. Allí donde había trenes, había crotos. Trepaban a los vagones de carga y partían detrás de cosechas y changas golondrinas hasta los empalmes en los confines del país. Viajaban con el bagayo a la espalda y tres o cuatro porquerías: la muda, una bolsa maicera para dormir al descampado, la latita para cocinar y el fierrito bandolión para escarbar el fuego y defenderse. Se contaban historias fabulosas del crotaje: que entre ellos había filósofos, personajes de la alta sociedad, desahuciados del amor y hasta políticos brillantes que habían enloquecido y encontrado la honestidad. Pero eran leyendas”
Virgen, Gabriel Báñez.










Diccionario del Saltamontes ilustrado:
Karma: no mires para otro lado, algo habrás hecho.
Indolencia: Tres gotas de agua y tu cactus no sería este triste mondadientes.
Miseria: Todos los “demasiado” que intente ponerle a tu vida.
Soberbia: ¡Esto no es para vos!
Paris-Dakar: Sin sponsor, sin combustible, me bajo acá!
Había un diseñador de pecados capitales pero no salió en los créditos de Seven.
Brad Pitt-ttiP darB se leía en tu espejo.
Miércoles 13:
A los botes salvavidas grita el turista pasado de merca. Un segundo después (esa es la fracción de la muerte) Desde el cielo, Haití parece una sopa de macarrones. 100.000 macarrones. O más.
Un ángel con máscara MSF no alcanza. Inútiles los saltamontes, si no, entregaría todas mis hojas.
Jueves 14:
Comprobación de los estados del alma incluida la de un animal como yo.
Vértigo. Saltos sin ver la rama siguiente. A veces quiero bajarme.
Sonreí grass_ la carita dice sisi.
Viernes 15:

I
[“Ya se percibe más intenso el crepitar del fuego”]
Segada por los fuegos de artificio
Va la noche, huyendo de los cultos
Sucios velos, destinos, ciegos vicios
Va la noche y oficia con insultos.
Alcohólica, su fuga, entre los fuegos
-que le repugnan por no ser su esencia-
Busca un lugar donde esconder sus ruegos
Violenta protectora de la ausencia.
Acompaño a la noche en su lamento
Ella llueve, yo lloro. No hay festejo
Que sirva sin veneno este recuento.
¿Y si el llanto borrara, del hombre, las
Huellas? ¿Y si la lluvia… sus penas?
II
[“A mi cuerpo, tendido como está, precisamente así, dadle el adiós”]
Ocultos bajo mantas los dolores
Hedores, desnudez, amores idos,
Ocultos entre mantas los temores
Sangrar esta vejez; haber perdido
El nombre, pulso, suerte. “¿Cuál tesoro?
Ceguera maltratada, venas lentas,
Soñar las tardes sólo cenicientas
Ni el aire se consigue con decoro”.
A tu lado enero ya marchito
Y un ramo de jazmines a destiempo
Que marcan para siempre el infinito.
Rodeados por escudos de imprevistos
Los años nos carcomen hábilmente.
III
[“Si vas en busca de la muerte, llévanos contigo”]
Mi culpa a tus huesos enfrentada
En diálogo sin fin- final de escena-
Mi culpa representa su condena
Tu sombra, por aquellos, despreciada.
Es el “Adiós” quien da a la despedida
La condición feroz de los futuros.
Ese que cuelga de tu mano fría
Y de tus ojos-corredor oscuro-
Se miente la verdad- un fiel remiso-
“Y si Dios quiere será hasta mañana”
Fatal, inconsecuente, un dios: no quiso.
Con besos no se curan las heridas
Ni libres de traición están los rezos.
IV
[“Te sostendré en mis hombros. No va a agobiarme el peso de la carga]
Sin ritmo se deslizan las absurdas
Flechas que son tus últimos gemidos.
La noche llueve un llanto sin latidos
Mi duelo llora roncas gotas burdas.
No supe reforzar con estos brazos
Los hilos que nos atan, tan sedosos,
No estuve junto a ti ni tras tus pasos
Ni mis hombros han sido tan piadosos.
Vergüenza ha de sentir este pedido
De perdón, con disculpas perfumado
Ante una cama que no tiene oídos.
La noche no se rinde. Yo tampoco
Quizá cuando amanezca, también ella…
V
[“Y pase lo que pase, uno ha de ser el riesgo, una la salvación para los dos”]
No es el infierno o su sagrada saña
El motivo de todo lo ensayado,
Sino el miedo a sufrir lo prodigado
La disculpa ¡Esa sutil infamia!
Menos gloriosa que su nombre es una
Muerte estéril: sin cuervos ni cipreses
Muerte sin muerto, sin cruces- tantas veces-
Sombrío desden: sin himnos a la luna.
Años nuevos convierten en rivales
Vida y vejez creyendo que ésta mancha
Nuestra infeliz certeza de inmortales.
Y muero porque ya no me recuerdas
Y vives porque sigo amaneciendo…

Diciembre-1998
Entre llaves: fragmentos de un “pequeño” diálogo entre Eneas y su papá.
El resto: un intento para deshacer la ausencia de la persona que más me quiso.

Cuando te acercas a dios por la maldad y a la vida por las sombras ¿Adónde puedes llegar si no es a una mística negativa y a una filosofía nocturna?
Crees sin creer y vives sin vivir…la paradoja la
resuelves con una ternura cruenta que refuerzan los crepúsculos y enlutan las auroras”
E.M. Cioran

"Un prólogo es un estado de ánimo. Escribir un prólogo es como afilar la
hoz, como afinar la guitarra, como hablarle a un niño, como escupir por la
ventana. Uno no sabe cómo ni cuándo las ganas se apoderan de uno, las ganas de
escribir un prólogo, las ganas de estos leves sub noctem susurri"
Søren KierkegaardPaso y me siento. Un sillón bordó junto a la ventana. Calle 54. Desde aquí se ven las torres de la catedral. Me distraigo recordando escenas que combinan realidad y ensueño.
Tose. Vuelvo desde los cimientos de la catedral hasta el sillón.
Hablo de mí. Le cuento que pasaron ya, trescientas sesenta y cinco madrugadas.
Era otro Agosto. Otra ventana. Otra música en mis oídos. La oscura voz de Till Lindeman gritaba “mein herz brennt” cuando descubrí otro brillo.
Me escucha sin gestos. Sigo.
Omito los abandonos por tratarse de la primera cita. Aprieta el lápiz sobre el anotador cuando hablo de distancias. Once mil kilómetros. Más de cinco mil millas náuticas y una soga hecha de palabras.
Le confieso algunos vicios: soportar sin drogas, sin alcohol ni sedantes todo lo que el delirio kármico me tenga reservado; fumar; reírme.
Confieso, también, mis preferencias ante el papel en blanco: dejar caer en redes de cinismo a ilusionados fabricantes de barriletes.
Percibo un pestañeo desencajado que acusa. (¿Dirá sádica?) Vuelvo, entonces, a esa otra escritura, el vasto prólogo de trescientos sesenta y cinco renglones. Irreproducible por íntimo. Un yo poético que se abandona a las sensaciones. Y mezcla coordenadas, tiempos verbales, luces. Prólogo que se lleva las mejores metáforas, todas las correspondencias baudelerianas, cada fragmento de mi imaginación.
Ahora se acomoda en su sillón. Cruza las piernas. Espera que le diga el porqué de mi visita.
Entre garabatos imagino que escribió crisis---escritor---vacío---decir---dicho.
Hago silencio hasta que se cumplen los cuarenta y cinco minutos. También él.
La catedral. Plaza Moreno. El faro del fin del mundo. El fabricante de barriletes que no sabe nada acerca de la trampa en la que caerá cuando yo deje de escribir el prólogo.
“Mmmm… Bueno”
Es tiempo. Sé que debo pagarle.
Al despedirme, me entrega un papelito amarillo: “próxima cita 22 de Agosto, 17.30 horas”
No habrá próxima mientras haya palabras. Lo sé. Lo sabe.La imagen es del artista Gastón Viñas
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